ACTUALIDAD  16 de abril de 2018

Del asado al superpancho, las caretas de la comida política

Opinión por Roberto Tassara. 

rtassara@cronica.com.ar 

Si hay algo cierto en política, es que los hechos importan mucho más que los dichos. Si de palabras se trata, en ambas orillas de "la grieta" se oyen discursos dedicados a marcar las diferencias entre la saga de Cristina Kirchner y la aún incipiente de  Mauricio Macri, que aspira a superarla.

Los hechos demuestran que esa rivalidad les ha servido a los dos: la marquesa, senadora; él, Presidente. En el discurso binario de "la grieta", obviamente ni una palabra sobre las patéticas similitudes entre ambos. Ella deploraba a los "jueces que quieren gobernar"; él pone sus fichas en el tablero judicial con pretextos parecidos a los que ella esgrimía para ubicar a los chicos de La Cámpora.

El estatismo K sigue vigente, sólo que cambió de color. Hubo que recortar un poco el nepotismo, porque el gasto público mata, pero, en general, todo bien. Tarifas+impuestos+tasas+inflación=clase media asfixiada y consolidación de un tercio bajo línea de pobreza.

Hay otros lugares donde la mimetización de la clase política, por sobre los partidos, es aún más perturbadora. El asado obligatorio de cuando se ponen a transar, por ejemplo. Siempre asado. Acaso ignoren que el consumo excesivo de carne roja es causa de males digestivos, cardiovasculares y circulatorios, estadísticamente registrados. Pero, ellos (y ellas) así fingen cultivar la tradición gauchesca, por igual motivo que usan corbatas celestes y sacos azules.

Se espera que los hábitos públicos de la dirigencia ayuden a concientizar, pero el consumo de carne roja estimulado desde el poder prueba que es una esperanza vana. Claro que muchos de nuestros políticos, en privado, degustan platos menos amigos del colesterol. Lo peor de la demagogia gastronómica es el superpancho. Nada más triste que una campaña electoral con candidatos fotografiados en el momento del simbólico sacrificio de tragar cosa tan dañina, que sus hijos no consumen. En lugar de fomentar el consumo de "comida chatarra", deberían promover la comida sana, que no es más cara.

Muchos políticos predican defender el hospital y la escuela públicos, pero tienen salud y enseñanza privadas. Otros piden ser reconocidos por haber perdido plata al pasar de la especulación financiera a la función pública. El disfraz republicano de la vieja patria contratista promete una nueva decepción. El fin de semana último, la gobernadora María Eugenia Vidal dijo querer pensar "que todavía hay hombres valientes". ¿Se quedará solita?

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