Hermanos paranaenses en el mar.
Camila y Gerónimo Kemerer son entrerrianos: ella es arquitecta y él Guardiamarina en Comisión de la Armada Argentina.

Camila y Gerónimo Kemerer son entrerrianos: ella es arquitecta y él Guardiamarina en Comisión de la Armada Argentina. Si bien su formación profesional ha sido distinta, la realidad los llevó a compartir un tramo de tres meses de navegación, a bordo de la fragata ARA “Libertad”, recorriendo varios puertos del continente americano.

Rumbo a Santo Domingo (República Dominicana) – Toda salida al mar tiene detalles particulares que marcan la navegación, dotándola de anécdotas y recuerdos que acabarán convirtiéndola en una experiencia única.

Uno de los aspectos que caracteriza al XLVII Viaje de Instrucción de la fragata ARA “Libertad” es la presencia de dos hermanos entrerrianos oriundos de Paraná: Camila y Gerónimo Kemerer, hijos de Laura y Omar, y hermanos de Priscila y Federico.

“Mi papá hizo el servicio militar como infante de Marina en Buenos Aires y a partir de allí forjó una relación con la Fuerza que mantiene hasta hoy”, comenta en la fragata Gerónimo, actual Guardiamarina en Comisión infante de Marina.

De escuchar atento las vivencias e historias de su padre, investigó sobre la Armada y dio con la Delegación Naval de Santa Fe. “Tenía la fantasía de ser infante así que me inscribí con esa idea”. Hoy, casi cinco años después, se siente contento por haber tomado esa decisión y ya empieza a pensar en su futuro, quiere especializarse como artillero de campaña. Al finalizar el viaje en la fragata, Gerónimo egresará como oficial de Marina.

Camila, por su parte, es arquitecta recibida en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral: “Desde chica me incliné por el lado creativo, la fotografía y el diseño”, apunta.

Como es costumbre en cada año, la Armada Argentina envió convocatorias a diferentes universidades e institutos de formación nacional con la intención de sumar profesionales al viaje de la fragata “Libertad”. De esa forma, Camila supo por primera vez que existía la oportunidad de embarcarse.

“Me acuerdo que fue en febrero cuando ingresé a la fan page de la universidad y leí la convocatoria. Había que cumplir con varios requisitos y, una vez enviado todo el material, esperar la aprobación”, explica.

Camila debió presentar un currículum con su historial académico y experiencia profesional, además de detallar los motivos que la impulsaban a embarcarse, junto a un plan de trabajo. Como su tesis de grado se basó en el puerto de la ciudad de Santa Fe y el barrio aledaño, propuso continuar con esa línea de investigación, pero centrándose en las áreas portuarias que tocaría el buque escuela argentino.

“Recién cuando mandé todo, tomé verdadera consciencia de que quizás se me podía dar”, confiesa entre risas. Finalmente, a las pocas semanas fue preseleccionada y días más tarde se le informó que realizaría la pierna de navegación: el tramo Buenos Aires-Cartagena de Indias (Colombia).

“Desde que me dijo que se había inscripto supe que seguro iba a quedar seleccionada, por eso traté de aconsejarla en lo que estaba a mi alcance”, dice Gerónimo y agrega: “Es difícil embarcar siendo civil así que fue una gran alegría saber que nos iba a acompañar por unos meses”.

La experiencia del viaje

Camila embarcó en Buenos Aires hacia fines de abril, a un mes de iniciado el Velas Latinoamérica 2018, encuentro internacional del que participan Grandes Veleros de 10 países.

“Los primeros días fueron los más complicados por el movimiento del barco, pero por suerte pude integrarme rápido y empezar a participar de las diferentes actividades que se realizan en cubierta y en los palos”, cuenta Camila.

En este sentido, además de colaborar con diferentes actividades vinculadas al quehacer diario, Camila también ofreció una exposición a la Plana Mayor y a los guardiamarinas en comisión detallando el objetivo de su viaje y el proceso por el que fue seleccionada.

En lo que hace al día a día a bordo con su hermana, Gerónimo asegura que es una experiencia única e impensada: “En el buque uno continúa con su formación de marino; y el hecho de compartir todo eso ayuda a que ella conozca más de lo que hacemos, permitiéndonos conectarnos un poco más”.

Camila terminó su viaje el pasado 26 de julio cuando la fragata arribó al puerto colombiano de Cartagena de Indias. Ella celebra haber podido vivir esta etapa junto a Gerónimo y se siente más que conforme con su experiencia en la “Libertad”. Él continúa el viaje hasta mediados de noviembre, cuando la fragata regrese al puerto de Buenos Aires.

En total, los hermanos Kemerer compartieron 7 puertos del itinerario del buque escuela, unos tres meses de navegación. “Cumplir este viaje nos apegó mucho como hermanos y es un recuerdo que nos va a quedar para toda la vida”, concluyó la arquitecta entrerriana.

 

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